Renovado optimismo

Diversos estudios, muchos de ellos realizados en prestigiadas instituciones como la Universidad de Harvard, confirman que la actitud optimista, más allá de dibujar sonrisas en el rostro, genera mejoramiento de la salud, mayor calidad de vida y perspectivas superiores de éxito.

Los grandes problemas provocan grandes efectos, pero por severos que sean los embates, no se canta la derrota mientras se mantengan firmes el espíritu y el ánimo. Así ocurre por igual con las personas, las familias, las organizaciones y las naciones.

En la década de los años 30 del siglo pasado, Estados Unidos, país que se alzaba como el más poderoso del mundo, enfrentó una de las peores crisis de su historia. La denominaron la Gran Depresión, y sus peores efectos fueron desempleo y bancarrota masiva. El dramaturgo estadounidense, Arthur Miller, describió en su autobiografía —Vueltas al tiempo— un escenario donde nadie tenía dinero, muchos tenían hambre y el ambiente era fantasmal. Miller advirtió la falta de ideas y la falta de esperanza como las consecuencias más graves.

En ese contexto, la política impulsada por Franklin D. Roosvelt, con su emblemático New Deal, basado en reformas y programas de alto impacto, arrojó buenos resultados en la economía americana, aunque la mayor transformación se hizo patente en el terreno social y en el estado psicológico y moral de los ciudadanos, por la recuperación de su esperanza colectiva, que se veía entonces perdida. La lección de aquella crisis debe ser recordada. Fue la actitud y no sólo la inyección de capitales, la que fue capaz de modificar las circunstancias, quizá porque tal depresión era más emocional que económica.

Con las debidas proporciones, el México del siglo XXI ha sufrido golpes y padecido problemas a escala nacional que siguen alimentado el desánimo, la pérdida de esperanza y la frustración generalizada. Destacan en los últimos meses: la caída de los ingresos petroleros y el subsecuente recorte presupuestal que laceró proyectos y pospuso iniciativas progresistas; la depreciación del peso cuyo daño no se atenúa con las justificaciones de su origen externo; los terrores de la guerra contra el narcotráfico, los continuos escándalos de corrupción gubernamental, el debilitamiento institucional y la absurda fuga de un criminal -hoy el más buscado del mundo-, considerada por muchos como el mayor insulto del Estado a los mexicanos.

Críticas y protestas se multiplican, algunas en forma de ironías y memes que inundan las redes sociales. Aumentan síntomas de porrazo anímico, miedo, abatimiento ciudadano y, peor aún, desánimo colectivo.

ACTITUD TRANSFORMADORA

Un ajuste de actitud, con buena disposición, inteligencia, asertivo y saludable, puede abrir muchos caminos u horizontes hacia el bienestar general. Muy lejos de la retórica inútil, de la demagogia rancia de los políticos y de las endulzadas frases de libros de superación personal, México necesita emprender otra reforma estructural, no menos importante que la energética o educativa, consistente en un cambio de actitud para generar un renovado optimismo nacional.

Es la mejor forma de lograr que quienes vean la luz al final del túnel sean solamente mexicanas y mexicanos de bien.