Ver PDF del Artículo

El futuro de la humanidad demanda una nueva clase de compromisos y acciones que van más allá del Estado. Ahora, necesitamos un mayor involucramiento de la sociedad internacional para atender los retos de sustentabilidad.

Actualmente, nos enfrentamos a una multiplicidad de retos y desafíos que pondrán en peligro la preservación del ecosistema y de varias especies. Por esta razón, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) convocó, en el año 2000, a representantes de 189 países para reflexionar sobre nuestro futuro y tratar de resolver una paradoja: ¿por qué en un mundo altamente intercomunicado, con altas expectativas de mejores condiciones de vida y de crecimiento para las economías, no se ven resultados palpables? Ante tal panorama, la ONU estableció los “Ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio”, referentes a la erradicación de la pobreza, la enseñanza primaria universal, la igualdad entre los géneros, la mortalidad infantil, la salud materna, el avance del VIH/SIDA y el sustento del medio ambiente.

Sin embargo, la forma tan diferenciada en que cada país se comprometió para cumplir con estas metas ocasionó que los resultados esperados no fueran logrados a cabalidad. Por eso, la ONU decidió en 2012 ajustar tales aspiraciones con la “Agenda para el Desarrollo después del 2015”, con el fin de dar marcha forzada al desarrollo de nuevos diagnósticos y modelos de acción en temas de sustentabilidad. Entre las múltiples lecciones que se pueden obtener de la valoración de la ONU, está la imperiosa necesidad de utilizar el enfoque de la gobernanza para enfrentar y resolver estos retos.

Sostenibilidad: todos para uno

La gobernabilidad ha sido superada por las exigencias sociales actuales, pues esta solo puede funcionar cuando las instituciones públicas gobiernan a la sociedad. Ahora, la gobernanza es el mejor modelo para garantizar el desarrollo sustentable, ya que funciona cuando las instituciones gubernamentales gobiernan con la sociedad. Por ejemplo, uno de los grandes pendientes sociales es la atención a los reclamos de sustentabilidad. Se ha confirmado que las causas de estos problemas son multifactoriales, por lo que es necesario enfrentar las situaciones y buscar soluciones que también sean multifactoriales, pero ideadas bajo un enfoque centrado en la gobernanza.

Como fenómeno vivencial, la gobernanza sí es viable, ya que reconoce tanto las nuevas responsabilidades del Estado como las más tradicionales:

  • Generación de programas de asistencia para la población marginada o en desventaja.
  • Mejoramiento de su actuar al incorporar organizaciones civiles y privadas en la prestación de servicios,para descentralizar responsabilidades y reducir la corrupción e incrementar la confianza a través de méritos o incentivos.
  • Democratización de los sistemas políticos a través de procesos electorales transparentes y sistemas jurídicos que promuevan los derechos humanos y atiendan las necesidades humanas básicas.
  • Reducción de la brecha económica entre ricos y pobres, y también las que se observan en materia de oportunidades de educación y de salud.
  • Promoción de la diversidad cultural y la integración social, así como asegurar el acceso equitativo a los sistemas políticos, por medio de la participación y la representación.
  • Protección del entorno a través de sistemas de rendición de cuentas que consideren prioridades económicas y ambientales.
  • Promoción de la equidad de género mediante un sistema legal que promueva la participación de la mujer en diferentes áreas gubernamentales.

Empecemos desde la metrópoli

Una gobernanza efectiva debe asegurar que los asuntos medioambientales (cambio climático, contaminación, preservación de las especies, etc.) sean un tema central y prioritario en la agenda internacional. Toda problemática en esta materia rebasa el ámbito de acción de cualquier Estado, por lo que se requiere la incorporación, el consenso y la colaboración de más actores para dar una respuesta decisiva, creativa, urgente y sólida a estos problemas. Esta participación y la responsabilidad compartida de múltiples actores en estos asuntos se conoce como gobernanza ambiental sustentable, ya que leyes, reglamentos, instituciones, mejores prácticas y miradas creativas interactúan con el entorno.

Los mejores sitios para desarrollar la gobernanza (para generar verdaderos cambios, promover transformaciones y diseñar soluciones concretas a los problemas de sustentabilidad) son las ciudades, pues estas simbolizan las posibilidades y los enormes desafíos de la globalización. Asimismo, el analista político Benjamin Barber (quien explora soluciones para sistemas disfuncionales y parálisis política) explica que el futuro del mundo reside en los alcaldes, quienes deben ser pragmatistas sociales que dominen el management para solucionar problemas y hacer funcionar las cosas, al estar más cerca de la gente.

Para construir una sustentabilidad efectiva, tenemos que aprender a pensar conscientemente en los demás y colaborar vivencialmente para conformar un orden social justo¹. Cada vez más gobiernos y organizaciones de la sociedad civil confían en que la gobernanza es el único medio compartido que puede garantizar una mejor calidad de vida, y en donde el bien que se proteja sea, primordialmente, el planeta Tierra.

Mejores-Practicas

Nota al pie
¹Requena, Carlos (2014). Reto en la relación Estado-Sociedad. México. LID Editorial. Versión impresa y electrónica.