En el Estado de México hay una especie de Torre de Babel. Los candidatos hablan y hablan, pero en un idioma totalmente diferente al de los buenos ciudadanos. Obsesionados por ganar, los aspirantes pelean, acusan, calumnian… ¿Y las propuestas? Nulas, solo marketing y acciones cosméticas. Eso explica que sus acartonados debates solo hayan servido para decir muy poco y aburrir mucho.

Más allá de ser un laboratorio electoral para el 2018, el Edomex es una de las entidades más complejas del país, con desafíos gigantescos entre los que destaca la gravísima e insalvable inseguridad.

En marzo pasado, en su Reporte sobre delitos de alto impacto, el Observatorio Ciudadano reportó que el Edomex era el estado con más víctimas de secuestro y que, junto con Tamaulipas y Veracruz, concentraba la mitad de los casos en México. También mostró su doloroso liderazgo en extorsión, robo con violencia y robo de vehículo. El Edomex también ocupa los primeros lugares en homicidios dolosos y culposos. Y por si no fuera suficiente su fallida situación, el número de feminicidios ya supera el de las peores épocas de Ciudad Juárez, pues el año pasado el Edomex fue escenario de 263 asesinatos de mujeres.

El Edomex es otro penoso ejemplo de impunidad. El índice Global de Impunidad México 2016 de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) lo ubica como la tercera entidad más impune del país.

Ante estas alarmantes evidencias, las promesas de los candidatos resultan insuficientes e histriónicas, por no decir populistas. Algunas de ellas parecen inspiradas en los superhéroes de Marvel Comics.

Por el flanco del PRI, PVEM, Panal y PES, Alfredo del Mazo ofrece convertir al Edomex en la entidad más segura del país. Del lado de Morena, Delfina Gómez promete seguridad y justicia para todos. El candidato del PRD, Juan Zepeda, dice que reducirá los índices delictivos 50% en cuatro años, mientras que la panista Josefina Vázquez Mota dice traer bajo su brazo un plan integral para combatir la inseguridad.

Ciertamente, obligados o desesperados por adornar sus plataformas y discursos, estos contendientes siguen en la línea de la ambigüedad, abstracción y vaguedad, con muy escasos detalles de estrategia, tácticas y procedimiento. Resaltan, por obvias, la instalación de cámaras de seguridad, luminarias y botones de pánico; depuración y profesionalización de cuerpos de seguridad, dignificación de policías, nuevos modelos policiacos e instrumentos de apoyo a mujeres víctimas. Propuestas todas que, además de ordinarias, ninguna está a la altura de los verdaderos desafíos, mientras muchos buenos ciudadanos mexiquenses se cuestionan si tales candidatos son rehenes de conspiraciones o complicidades para seguir manteniendo a la entidad en un caos total.

NADA NUEVO BAJO EL SOL

En la reñida contienda electoral por la gubernatura mexiquense, la promesa de sus aspirantes suena como música distorsionada para los oídos de electores, hartos de discos rayados.

Por muchas razones, el Edomex es elemento crucial para comprender los conflictos y tensas relaciones entre la clase política nacional. Pero en materia de inseguridad, nada nuevo habrá bajo el sol mexiquense. Tantos agravios solo los seguirán pagando y padeciendo los buenos ciudadanos.


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