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Suplicio nuestro de cada día

Por: 8 enero, 2018

Suplicio nuestro de cada día | Derecho Reservado | Abogado Carlos Requena

Según el INEGI, en 2016 había un registro de aproximadamente 43 millones de automóviles, camiones, camionetas y motocicletas circulando en el país. Sin temor a equivocarnos, podríamos decir que los conductores y pasajeros de cada uno de ellos, en todo México, sufren un malestar común: baches, zanjas, hundimientos y socavones por el terrible estado de calles, avenidas y carreteras.

Cualquier taxista, conductor, usuario de transporte público, persona con discapacidad e incluso peatones son víctimas de la terrible movilidad. Un estudio realizado recientemente por el Instituto Mexicano del Cemento y el Concreto (IMCYC), que preside Jorge Sánchez Laparade, junto con la agencia de investigación De la Riva Group, confirma que prácticamente 9 de cada 10 mexicanos consideran que los baches son el principal problema de las vialidades nacionales.

El propio Programa Nacional de Desarrollo Urbano 2014-2018 reconoce que la población percibe problemas en el uso de recursos destinados al rubro de traslado de personas; y refiere que el 67% de sus encuestados califica entre regular y pésimo el estado de las banquetas.

Ante este fracaso gubernamental, los honestos ciudadanos contribuyentes no pueden permitir que continúe la rotunda burla de las políticas públicas en materia de obras y movilidad. Inseguridad, invitación al crimen, deficiente tránsito, mala conectividad, contaminación ambiental, pésima calidad de vida e inestabilidad emocional son insostenibles. Hagamos valer el derecho de toda persona y de la colectividad a realizar un efectivo y seguro desplazamiento de individuos y bienes.

¿No son estas razones suficientes para que las autoridades asumieran su responsabilidad legal y actuaran en congruencia? No, no les importa. Por el contrario, sus políticas públicas solo cubren mínimos requisitos de bacheo y pavimentación de mala calidad; su enfoque en infraestructura es reactivo-reparativo, nunca preventivo; su espíritu es cosmético, nunca genuino, y su inversión es fugaz, nunca de largo alcance.

Políticos y gobernantes solo hacen obras para la foto de inauguración, el informe de labores o la obtención de votos electoreros. Lo demás se arregla con rellenos de chapopote y grava aventada, siempre ante la expectativa futura de “hacer negocio” con proveedores que saben cómo compensar costos y moches con la mala calidad de sus materiales.

Por ello no sorprende que el 96% de los entrevistados en el sondeo del IMCYC responsabilice de este problema al gobierno, municipal, estatal y federal, lo mismo emanado del PRI, que del PAN o PRD. Lamentablemente, más que un asunto de jurisdicción, colores o partidos, es parte del ADN de nuestras autoridades y síntoma de la pandemia de corrupción a escala nacional.

MINAR A MÉXICO

Los mexicanos transitamos por vialidades minadas. Confiamos que Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade o Ricardo Anaya, en sus recorridos de campaña, sean sensibles ante las calles llenas de hoyos, hundimientos, alcantarillas abiertas y baches de todos tamaños, cuidando de no caer en alguno. Cada tramo en esas condiciones simboliza la burla y el desinterés gubernamental.

Mover a México, frase de dulce entonación. Pero si los habitantes de la nación transitan por los actuales caminos, difícilmente podrán desarrollarse con sanos avances, y seguirán con trayectos lentos, desgastantes y plagados de obstáculos.


 

Leyes para tu Bien ® | Twitter: @requena_cr