Algo está pasando en el mundo. La globalización se topó con pared. En la civilización más abierta de la historia, el mundo se nos cierra a cada paso. Estas contradicciones forman muros de intolerancia, de miedo, de ideologías que dábamos por muertas. Es el resurgir de nuevos nacionalismos con capacidad para alterar sistemas democráticos, inspirar populismos de izquierda y de derecha, y redefinir las relaciones entre personas, organizaciones y naciones.

Sí, los nacionalismos están de regreso en versiones recargadas. Son distintos a aquellos que durante los dos siglos anteriores dieron vida a los Estados Nación con resabios de alergia a las visiones globales. Hoy estamos frente a dinámicas encendidas por cruces de caminos y líderes narcisistas, populistas, fundamentalistas, xenofóbicos, violentos y con emociones exacerbadas que provocan retrocesos como humanidad.

Para las generaciones contemporáneas –X o millenial-, el patriotismo tradicional ha perdido todo sentido. Se convirtió en una cuestión ajena, abstracta e, incluso, tergiversada; más parecido a un patrioterismo simplón que al amor a la Patria, esa que ya no inspira sentimientos de entrega ni de sacrificio, enterrada en letras de discursos e himnos nacionales.

Impregnados únicamente por el internet, las redes sociales y los smartphones, nuestros niños y jóvenes tienden a identificarse más como habitantes del planeta que como miembros del Estado. Es la ciudadanía mundial sin vínculos con el pasado, que según Martha Nussbaum relegaba el nacionalismo a una cuestión moralmente irrelevante.

La realidad muestra que los neonacionalismos o seudonacionalismos que mueven peligrosamente la balanza del mundo, están regresando a las personas del mundo virtual con renovadas ideologías de guerra y dogmatismos que creímos derrumbados con el otrora muro de Berlín.

El nacionalismo sigue siendo una emoción política de tremendos alcances. México encara esta realidad con el antimexicanismo que promueve Trump y que de alguna manera apoyan más de 60 millones de estadounidenses. Es solo una de las señales que confirma lo efímero del sueño de un mundo sin fronteras y la supuesta supremacía de mandatos internacionales sobre los intereses internos. Timothy Garton Ash lo ha denominado: la globalización de la antigoblalización.

Ha sido este entorno complejo y desafiante el que me llevó a escribir mi más reciente libro Nacionalismos Emergentes (editorial LID), con el ánimo de contribuir a la búsqueda de nacionalismos genuinos, que rescaten el orgullo de pertenecer a comunidades sin que ello implique aislarse o polarizarse, ni despreciar a los otros. Terrible destino afrontaremos si las fracturas siguen quebrantado nuestro mundo.

MUROS, MIGRACIÓN, POPULISMOS

Lo que forja un verdadero nacionalismo no solo son razones, ni históricas ni utilitarias. También son sentimientos, en su forma más elemental.

México ha perdido toda brújula y no sabe cómo afrontar los enormes desafíos para su incierto nacionalismo. Lamentablemente sus líderes adultos no encuentran las bases ni conocen su proyección, solo se ocupan de superficiales cambios coyunturales y de peleas intestinas entre élites partidistas. Tamaño error, pues se escandalizan de la antimexicanidad en el exterior, sin reconocer el germen de rechazo y hasta odio que reina al interior. ¿Quién será el descubridor o detonador de nuestro nacionalismo emergente de cara a las elecciones 2018?


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