El 19 de septiembre cimbró al centro de México, sacudió cimientos de gobiernos y sistemas de protección civil, movilizó a la sociedad, removió fachadas y exhibió lo bueno y lo malo de nuestra nación. Otro 19 de septiembre, pero de 1985, dejó tragedias nunca olvidadas por las generaciones del pasado, quienes hoy comparten con las del presente una sicosis común.

Terremotos toman por sorpresa a millones de ciudadanos y ponen a prueba planes de prevención ante una cultura sísmica. Sin embargo, lo verdaderamente cierto es que, siguiendo instintos y liderazgos espontáneos, la sociedad civil se hizo cargo de su propia desgracia: salió a las calles, dio la mano, se organizó para salvar vidas y abrió una nueva etapa de participación con renovada solidaridad, muy al estilo mexicano.

Pero, ¿Cómo valorar la actuación de los medios de comunicación y las redes sociales ante tanto desastre? ¿Cómo valorar las acciones y omisiones de los gobiernos? Entre montones de comunicación e información, y toneladas de escombros de desinformación y realities shows periodísticos, la línea es extremadamente delgada para distinguir entre sinceras intenciones y reprobables protagonismos. Lo terrible de la situación es que no quedan claras las implicaciones de la llamada “reconstrucción de México” tras los sismos y huracanes, pues su contenido, alcances y efectos son muy diversos. A fin de cuentas, ello depende de algunas pocas personas en favor de muchísimas otras.

Imposible dar certidumbre a esa reconstrucción en un México plagado de instituciones, gobernantes y políticas púbicas sin credibilidad alguna. Imposible en un contexto ante la cercanía del proceso electoral 2018, donde el acceso al poder presidencial -y a otros poderes públicos- es la más atractiva motivación para tantas mujeres y hombres que aspiran y suspiran por ganar el voto mayoritario nacional.

México se integra por muchos Méxicos, incluso, hay Estados y regiones del país que no sintieron ni resienten los estragos de tales desastres; ahí la vida sigue normalmente y solo se conectan con la tragedia por televisión, noticias o redes sociales. Sin embargo, una de las entidades más dañadas, la CDMX, de manera coordinada aplicó protocolos de inspección y diagnóstico, habilitó albergues, liberó el acceso a hospitales, trabajó sin descanso y aprendió a mantener informada a la población. Con sus matices y sus sombras, los demás estados afectados intentaron seguir la tendencia.

DESPERTANDO

El sismo apenas ha mostrado una de sus caras: la peor, pero no la única. Queda un largo duelo por vivir y quedan otros escombros: esos dolorosos daños patrimoniales, el miedo insuperable, la incertidumbre y corrupción que traerán consigo los procesos de construcción, y un largo etcétera. Además, el apoyo psicológico es urgente; la prevención, indispensable; pero la asesoría y soluciones jurídicas -en todos los sentidos-, apremiantemente necesarias.

De cara al inminente proceso electoral 2018, las autoridades, políticos y aspirantes de todos los colores deben conocer un masivo y expansivo mensaje: Nuestro México solidario está despertando, dando lugar a una sociedad organizada -precisamente por la solidaridad- que no está dispuesta a tolerar indiferencia, ineptitudes, grillas retrógradas, decisiones cosméticas, traiciones a la patria ni golpes bajos de sus gobernantes.


Fuente: El Economista.